Comprar la felicidad por centímetros


Después de dos años de trabajo honesto, recaudó la cantidad suficiente para comprar un carro o aumentarse el busto. Reflexionó días y noches, como una Hamlet de la generación Master Card, hasta que su sabiduría práctica la inclinó hacia la segunda opción, pues de elegir el carro, sus pechos seguirían  como dos piquetes de zancudo, y así ni chiste tendría subir de estatus; mientras que unos pechos majestuosos atraerían la admiración por sí mismos, y con ellos podría conseguir carro,  departamento, o lo que fuera, no habría límites para una copa 34d.

2 comentarios:

  1. mmm buen punto no lo habia considerado, yo que estaba a punto de comprarme carro,mmmm voy a considerarlo de nuevo, hahahaha, saludos Fons cuidate mucho ahi la llevo con el anecdotario esta muy ameno,me ha gustado bastante lo que he leido, estamos en contacto y pr cierto cuando llegas???Erika

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  2. Yo me compraría un viaje al Tibet... me imagino que sí está muy ameno, tengo ganas de leerlo. Regreso en dos semanas, Ericka, por allá nos vemos. Saludos.

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